La rica sociedad del norte se horrorizó cuando vio a un humilde campesino del sur tranquilamente recostado contra un árbol descansando.
- “¿Por qué no has salido a trabajar tus tierras?”, le preguntó la sociedad.
- “Porque ya he trabajado bastante por hoy”, respondió el humilde campesino.
- “¿Y por que no cultivas más de lo que necesitas?”, insistió la sociedad.
- “¿Y que iba a hacer con ello?”, contestó el campesino.
- “Ganarás más dinero” , fue la respuesta. “De ese modo podrías comprar un tractor. Entonces podrías trabajar más tierras y recoger más cosecha. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte una cosechadora, con la que obtendrías más grano y más dinero. Pronto ganarías para tener dos cosechadoras…y hasta dos tractores más. Entonces serías rico como yo”.
- “¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el humilde campesino.
- “Podrias sentarte y disfrutar de la vida”, respondió la sociedad.
- “¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?” contestó nuestro humilde campesino.
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Yo no sé muchas cosas, es verdad
Digo tan solo lo que he visto
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos
Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos
León Felipe
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CUIDANDO A LAS PERSONAS
Es objetivo prioritario de la Asociación ANDREA crear entornos donde se puedan desarrollar los aspectos psicológicos más sanos y saludables de las personas. Este objetivo se fue gestando hace años, cuando participamos en los programas trasnacionales de la Unión Europea, a través del programa YouthStar, donde nuestra labor por distintos países de Europa, consistía en la reinserción de jóvenes marginados. Muchos de ellos habían sido encarcelados por distintos delitos; ellos mismos nos ayudaron a comprender de dónde procedía su violencia.
Los jóvenes se dañan a si mismos y a los demás por que la vida no tiene sentido para ellos. Si continuamos viviendo de la manera en que lo hacemos, y organizando las sociedades de la misma forma, seguiremos produciendo muchos miles de jóvenes violentos. Cuando sepamos como transformarnos a nosotros mismos y a la sociedad, nuestros jóvenes se transformarán también.
Cuando ponemos a un niño o a un adolescente en medio de esta sociedad y no hacemos nada para protegerlo, cada día es víctima de la violencia, el odio, el miedo y la inseguridad, y acaba por enfermar. Nuestras conversaciones, programas de televisión, anuncios publicitarios, periódicos, revistas… alimentan todos ellos las semillas de la insatisfacción en niños y jóvenes, y no tan jóvenes.
Hemos podido comprobar a lo largo de estos años de trabajo, como lo que verdaderamente necesitamos todos y en especial nuestros niños y jóvenes son entornos saludables donde los padres, los educadores, así como los demás adultos simplemente sean un soporte, un ejemplo, un refugio para ellos. Estos refugios no se encuentran en esta sociedad. Si sois padres, si sois educadores, si sois políticos, es urgente crear entornos saludables donde nuestros niños y jóvenes puedan crecer saludablemente, y donde se respeten sus ritmos naturales y sus necesidades.
¿Cuáles son los valores de esta sociedad?, ¿Cómo están organizadas las familias?, ¿Qué se enseña en las escuelas, institutos, universidades… ?
¿Por qué deberíamos echar toda la culpa a los jóvenes?
¿Por qué no podemos aceptar nuestra propia corresponsabilidad?
Es necesario recordar que el proceso fundamental de aprendizaje es la imitación, es decir la repetición de un proceso observado. Así los niños toman de los adultos los modelos de comportamiento al cual imitar, especialmente de aquellos que se encuentran afectivamente más cerca de ellos. Se socializan mediante el proceso de imitación y modelación, para repetir estos comportamientos al llegar a la edad adulta, respondiendo a la forma en que ellos mismos fueron educados. Los resultados de diferentes experimentos de diversos investigadores de Universidades Europeas concluyen que la imitación es una ventaja adaptativa mejor que la comprensión.
Sin embargo somos la única especie sobre la tierra que interferimos en este proceso. Los niños imitan lo que hacemos, no lo que les decimos. Acompañamos su proceso sin darnos cuenta de la responsabilidad que supone ser personas de referencia para ellos y nos empeñamos en decirles lo que tienen que hacer, cuando y como, incluso aunque nosotros estemos haciendo lo contrario. Toda una contradicción: no pueden imitarnos. Cambiamos su proceso de imitación, responsable de la adaptación, de su supervivencia, por palabras.
Desde esta perspectiva la Asociación ANDREA se compromete en ser un lugar SALUDABLE donde se respeten los procesos de imitación de los más pequeños, y donde TODOS, niños, jóvenes, adultos y mayores podamos compartir este espacio. Pretendemos crear entornos saludables SIN PALABRAS, sin teorías, sin elaborados discursos,… a través del ejemplo de una vida de compromiso y responsabilidad.
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CUIDANDO LA TIERRA
La biodiversidad ha disminuido más de una cuarta parte en los últimos 35 años según algunas estimaciones, que señalan que los índices de biodiversidad “continúan cayendo en picado mientras nuestro uso de los recursos naturales aumenta a ritmo vertiginoso”.
Esto es extremadamente preocupante por una serie de razones. Creamos o no que las especies tiene un valor intrínseco, no podemos negar que la pérdida de un gran número de especies puede tener serias consecuencias en la producción de alimentos, la sustentabilidad medioambiental, así como tener efectos globales a nivel ecosistémico.
Necesitamos preguntarnos si con nuestro consumo estamos cooperando a la destrucción de los hábitats, a la perdida de biodiversidad. Podemos estar comiéndonos a nuestro medioambiente, nuestro planeta, y nuestro futuro, sin ser totalmente conscientes de ello.
Acción para el cambio social
Hay muchas cosas en el mundo que no merecen nuestro apoyo: …la muerte al año de quince a veinte millones de personas por malnutrición y de causas relacionadas con ellas; la existencia de varios millones de personas que están crónicamente hambrientos, y varios miles de millones que viven en la pobreza, sin techo y asistencia médica. La degradación y contaminación del medio ambiente, el peligro invisible de todos los contaminantes que ingerimos cada día con nuestros alimentos –conservantes, colorantes, edulcorantes artificiales, hormonas, pesticidas, herbicidas y desinfectantes… Nuestro consumo tiene que ver con ellas, porque con cada acto de consumo influimos sobre la evolución de la sociedad. Desde la Asociación ANDREA pretendemos que lo que potenciamos con nuestro consumo no sea contradictorio con lo que queremos potenciar a nivel social.
Cuando adquirimos cualquier producto, objeto o servicio, además de satisfacer una necesidad o un deseo colaboramos económicamente con los procesos que lo han hecho posible. Estos procesos tienen repercusiones sociales y medioambientales. A veces ocurre que, sin saberlo, podemos estar aportando nuestro apoyo económico a actividades que no nos parecen adecuadas o a transnacionales que incluso estén transgrediendo los derechos humanos fundamentales de las personas más desfavorecidas.
Consumir de forma responsable implica valorar los productos y los servicios que tienen en cuenta la justicia social, la ética y la protección del medio ambiente.
Como consumidores tenemos un gran poder de transformación en relación a la sociedad en la cual vivimos. Con nuestra forma de consumir podemos influir directamente en la marcha de la economía, en el desarrollo social y en el cuidado del medioambiente.
Cuando escuchamos hablar de actitudes sostenibles, pensamos que se hace referencia a medidas que sólo el gobierno puede tomar y que nuestra capacidad de acción al respecto es limitada. No estamos acostumbrados a calificar nuestras acciones como sostenibles, sino que pensamos que este calificativo se aplica únicamente a las políticas medioambientales que adoptan determinados gobiernos o naciones. Sin embargo, nuestra vida diaria es una continua toma de decisiones sobre lo que consumimos, que pueden llevar implícitas consecuencias altamente insostenibles.
Si apreciamos nuestras vidas, la de nuestros hijos, la de las otras especies, y en general la de este planeta, necesitamos hacernos responsables de lo que consumimos, y servir de soporte y apoyo a los demás y a las futuras generaciones. Entre todos es necesario buscar estrategias para protegernos. Debemos observar profundamente juntos y hablar sobre, qué consumir, cómo consumir y que es lo que no debemos apoyar con nuestro consumo.
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COMPARTIENDO LOS RECURSOS
Mucho se ha escrito y dicho sobre los grandes problemas que en el presente aquejan a la humanidad, con esto no nos referimos exclusivamente al género humano, sino también al estado general del planeta. Cada vez existe mayor información sobre los peligros que implican para todos nosotros fenómenos como la destrucción de la capa de ozono, la contaminación en todas sus manifestaciones, la deforestación de los grandes pulmones de la tierra, el peligro que significan los desechos radiactivos, y más recientemente, las enfermedades transmitidas por los animales criados industrialmente para el consumo humano. La mayoría de esta información trata de alertarnos del deterioro ambiental y social que estamos ocasionado con nuestras acciones.
El ochenta por ciento del maíz, y el noventa y cinco por ciento de la avena de Estados Unidos, se utilizan para alimentar a los animales destinados al consumo humano.
En el año 1900, sólo el 10% del total del grano mundial estaba destinado a la alimentación animal; en 1950 creció a un poco más de 20%, para llegar a un 45% en las primeras décadas de los 90. Hoy, alrededor del 70% del grano mundial se usa para alimentar al ganado.
Todo el ganado del mundo consume una cantidad de comida que equivale a las necesidades calóricas de 8.700 millones de personas, más que la población humana del planeta…
…en el mundo hay muchas personas y niños que se están muriendo de hambre. En 1 minuto, el tiempo que, más o menos, podemos tardar en lavarnos las manos, mueren en el mundo 10 niños menores de 5 años por causa del hambre: más de 5 millones de niños al año (igual a la cantidad total de población infantil de Francia e Italia juntos). Y mientras tanto, muchos de los que vivimos en Occidente estamos comiendo en exceso. El 51% de los estadounidenses sufren sobrepeso. La obesidad se está convirtiendo rápidamente en un riesgo nacional para la salud, también en los países de la Unión Europea.
Los datos de las toneladas de comida que se tira a la basura en occidente son estremecedores. Tiramos a la basura cantidades “asombrosas” de comida de manera innecesaria. Un estudio, realizado en el Reino Unido y Gales por el Programa de Acción contra Desperdicios de Recursos (WRAP, por sus siglas en inglés) afirma que cerca de cuatro millones de toneladas de alimentos son desechados cada año en ese país. Ello significa que una tercera parte de los alimentos que se compran en el Reino Unido termina en la basura. Además, el 60% de toda la comida desechada está intacta.
Si tuviéramos en consideración los recursos disponibles y los progresos de la ciencia, sabríamos que no son irremediables los problemas del hambre, de la pobreza, y la mayoría de las muertes relacionadas con epidemias en el mundo. Sabemos también que no existe una auténtica necesidad de despilfarrar las reservas no renovables y contaminar los recursos vitales. Existen medios y conocimientos tecnológicos para alimentar a la población del planeta, garantizar razonables niveles de vida para todo el mundo, combatir la mayoría de las enfermedades, reorientar las industrias hacia fuentes inagotables de energía y prevenir la contaminación. Esto lo conocemos muchos de nosotros y también muchos de nuestros gobernantes.
¿Por qué se persigue entonces ciegamente “un crecimiento ilimitado” y una riqueza infinita para una minoría de grupos y personas, sabiendo que estas fuerzas impiden una división más ética y adecuada entre los individuos y las naciones, así como una reorientación de las prioridades ecológicas, que son vitales para la continuación de la vida en este planeta? Y a un nivel individual… ¿por qué actuamos como si nuestra vida diaria no tuviera nada que ver con la situación del mundo?.
La situación del mundo nos exhorta a dirigirnos hacia unos valores diferentes, hacia una renovada ética del NOSOTROS; nosotros podemos hacerlo, nosotros podemos cooperar, nosotros podemos compartir nuestros recursos, nosotros podemos combinar nuestros talentos y aptitudes para crear juntos algo más importante y en beneficio de todos.
Desde la Asociación ANDREA, conscientes de que culpar a los demás de la situación general del mundo no deja de ser una estrategia social más para eximirnos de nuestra responsabilidad y mantenernos impasibles e inmóviles, nos hemos comprometido a enseñar sin palabras, a través de una vida de compromiso y responsabilidad que promueva el Cambio Social.
Promover el Cambio Social como sociedad será posible solamente si cada uno de nosotros se compromete a llevar una vida de compromiso y responsabilidad.

















